Liderazgo femenino en transformación digital: del 7% al 34% y el cambio que las organizaciones aún no terminan de asumir
- ICB Idiomas

- 29 may
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El liderazgo femenino en transformación digital ha dejado de ser una proyección para convertirse en un hecho medible. Según datos de KPMG, la participación de mujeres liderando proyectos de transformación digital pasó del 7 por ciento al 34 por ciento en pocos años. No es un avance simbólico, es un cambio estructural en la forma en que se están tomando decisiones en entornos de innovación y tecnología.

La pregunta relevante ya no es cómo se logró este aumento. La respuesta no está en una transformación individual de las mujeres, sino en la apertura progresiva de espacios donde su liderazgo comenzó a ser visible, efectivo y medible. Lo que cambió no fue la capacidad, sino las oportunidades de ejercerla en contextos de transformación digital y adopción de inteligencia artificial.
En Chile, este contraste se vuelve aún más evidente. Mientras iniciativas como las impulsadas por CORFO a través de programas como “Ellas Transforman” han fortalecido el emprendimiento femenino y la participación en innovación, el sector tecnológico aún muestra una brecha significativa. Solo el 16 por ciento de los empleos en tecnología en el país son ocupados por mujeres, lo que evidencia una tensión entre avance y estructura.
Sin embargo, los datos también muestran un punto de inflexión relevante. Cerca del 22 por ciento de mujeres en posiciones directivas ya lidera proyectos vinculados a inteligencia artificial y transformación digital. Esto no es una excepción aislada, sino una señal de que cuando existen condiciones adecuadas, el liderazgo femenino no solo participa, sino que dirige procesos complejos de cambio organizacional.
Desde una mirada organizacional, este fenómeno plantea una pregunta más exigente que la celebración del avance. ¿Están las empresas realmente diseñadas para sostener y escalar este tipo de liderazgo?
Porque el desafío no está únicamente en abrir espacios, sino en estructurar condiciones para que ese liderazgo se mantenga. Cultura organizacional, acceso a redes globales, formación continua y exposición a proyectos de alta complejidad son factores determinantes para consolidar esta evolución.

En este contexto, el desarrollo profesional adquiere una dimensión estratégica. Programas de formación en habilidades de comunicación global, liderazgo y proyección internacional se vuelven herramientas concretas para sostener trayectorias ejecutivas. Iniciativas corporativas vinculadas a alianzas de capacitación, así como programas como BEC o PortuBiz en ICB Idiomas, se integran a este ecosistema como espacios que fortalecen la empleabilidad y la participación en entornos globales.
El liderazgo femenino en transformación digital ya no está en fase de demostración. Esa etapa ya ocurrió. El punto crítico ahora es si las organizaciones están preparadas para aprovecharlo de forma estructural o si seguirán tratando este avance como una excepción dentro de sistemas que aún no se adaptan completamente.



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